Carlos Slim: el millonario que entendió el valor del tiempo

Jueves 20 de diciembre de 2018 Apertura de El Museo Soumaya Casa «Guillermo Tovar de Teresa», con la asistencia del secretario de Cultura capitalina, Alfonso Suárez del Real, la directora del INBA, Lucina Jiménez, y el ing. Carlos Slim, así como familiares del historiador Guillermo Tovar de Teresa El recinto, ubicado en Valladolid núm. 52, colonia Roma Norte, se podrá visitar gratuitamente de lunes a domingo, de 10:30 a 18:30 horas. Fotografía: Tania Victoria / Secretaría de Cultura de la Ciudad de México

Por María José Jiménez – Co-founder de Líder360 Magazine

En una era obsesionada con la inmediatez, Carlos Slim se convirtió en uno de los hombres más ricos del mundo haciendo exactamente lo contrario: avanzando sin prisa. Hijo de inmigrantes libaneses, Slim aprendió desde joven principios financieros que marcarían toda su vida empresarial: ahorro, disciplina, control del gasto y reinversión constante.

Mientras muchos empresarios perseguían modas o crecimientos acelerados, Slim desarrolló una estrategia basada en la paciencia y la observación. Compraba empresas sólidas en momentos de crisis, cuando otros se retiraban por miedo, y las fortalecía con una visión clara de largo plazo.

Su filosofía siempre fue simple, pero poderosa: el tiempo es un activo. No buscaba resultados rápidos ni aplausos inmediatos. Pensaba en décadas, no en trimestres. Telecomunicaciones, infraestructura, banca y comercio se convirtieron en los pilares de un imperio construido con método y constancia.

Slim entendió que las crisis no solo traen pérdidas, sino oportunidades para quienes saben leer el contexto. Mientras muchos veían caos, él veía valor. Mientras otros se paralizaban, él actuaba con cálculo y paciencia.

Su estilo empresarial desafía la narrativa moderna del éxito rápido y recuerda una verdad incómoda: la riqueza sostenible exige disciplina, tolerancia al riesgo y una relación inteligente con el tiempo.

Reflexión Líder360

El éxito duradero no se construye con prisa ni impulsos. El tiempo, cuando se combina con disciplina y visión, se convierte en uno de los aliados más poderosos del crecimiento. Carlos Slim nos enseña que lo verdaderamente grande no se acelera: se cultiva.